A los que creen que nada va a suceder

Freddy Lepage
El Nacional
Los zarpazos totalitarios, conducidos por líderes mesiánicos, siempre llevan la ventaja cuando surgen dentro del propio sistema democrático. Invariablemente se venden como modelos abiertos que apuntan a la profundización de la democracia misma. Nada más alejado de la verdad, representan su negación absoluta.
Adicionalmente a la forma de actuar camuflados de “demócratas”, existen factores condicionantes importantes por considerar a la hora de enfrentar a estos megalómanos, delirantes de poder. Ante el grave momento presente, muchos sectores actúan como si la vida fuese normal.
Por una parte, están los pendejos de siempre: piensan, ingenuamente, que ellos van a estar igual de tranquilos: sus existencias transcurrirán sin mayores alteraciones, como hasta ahora. A estos los podemos describir como indiferentes impenitentes.
Otros son los pesimistas, derrotados antes de pelear… Suponen perdida la causa: no es posible enfrentar al todopoderoso comunismo establecido en la nueva constitución chavista. Adoptan posiciones dañinas. Contaminan el entorno político y social.
Y un tercer grupo, integrado por los atemorizados (ablandados) por las permanentes amenazas del líder del proceso. Son también peligrosos porque pretenden, de alguna manera, juntarse o cohabitar con sus verdugos para tratar de obtener algún provecho, así sea de carácter muy temporal.
Estas tres categorías (simplificadas) están integradas por los diversos actores de la sociedad: banqueros, empresarios, amas de casa, profesionales, obreros, intelectuales… En fin, abarcan el espectro social.
En este contexto, es menester reaccionar enérgicamente, con el fin de despertar las conciencias adormecidas, anestesiadas por el “viva lapepismo” criollo.
Está en juego el destino de Venezuela como país. El futuro de las nuevas generaciones que, indefectiblemente, estarán condenadas a vivir esclavizadas, a merced de los deseos de un autócrata, eternizado en el poder, por la falta de resistencia del colectivo nacional.
A esos que dicen que “mientras hagan dinero” no les importa si gobierna Chávez, deben saber que tienen los días contados. Esta reforma constitucional acaba no solamente con las libertades ciudadanas, sino también con la propiedad privada (constreñida a las caprichosas interpretaciones de los revolucionarios de nuevo cuño). Los ricos no son los más afectados (ellos tienen el dinero en el exterior), como piensan algunos majaderos. Son los pequeños y medianos propietarios.
El taxista tendrá, si la revolución lo decide, que compartir su carro con otro cuando no lo esté utilizando. Ni hablar de los dueños de viviendas vacacionales o de inmuebles alquilados: están guindados de la brocha. En la nueva propuesta sólo se garantiza la propiedad sobre “los bienes de uso y consumo y los medios de producción legítimamente adquiridos“, dejando abierta la posibilidad real de invasiones, atropellos y desmanes de todo tipo.
Vistas las cosas así, el “paquete chileno” chavista representa un peligro real para los humildes compatriotas que, gracias al trabajo, al esfuerzo de muchos años, han alcanzado un mediano nivel de vida.
Quien no reaccione a tiempo, con energía, para detener este turbión autocrático, será cómplice, al menos por omisión, de la destrucción del sistema democrático y plural venezolano. Con un agravante: cuando Pérez Jiménez, quien no se metía en política vivía en “relativa” tranquilidad. Pero ahora no se trata solamente de la libertad, sino del doloroso hecho de la apropiación caprichosa de tus bienes por parte del régimen, seas chavista o no, eso no cuenta. ¡Ahí viene el lobo… ¿Los golpes de pecho posteriores conducen a Miami.. ?











No hay comentarios.:
Publicar un comentario